Abstract

Una importante proporción de humedales depende del aporte de agua subterránea, tanto más cuanto más árido es el clima. Las posibles situaciones varían entre a) aquellas que responden a afloramientos del nivel freático o a situaciones de donde el nivel freático es somero pero asequible a las plantas freatofitas –criptohumedales–, con fluctuaciones entre estacionales claras a casi permanentes, y b) aquellas en que dependen de descargas profundas de acuíferos y que son de poco fluctuantes a casi sin cambios a lo largo del tiempo. En las características no sólo tiene importancia el caudal de agua subterránea aportado sino su composición química y la forma en que la parte de agua no evaporada y la totalidad de las sales contribuidas pueden ser descargadas para así mantener una salinidad constante o moderadamente fluctuante, o bien llegar a situaciones de acumulación y finalmente a la formación de salares. Las extracciones de agua de los acuíferos asociados a los humedales puede suponer cambios notables en su extensión, en la biología y en la salinidad y composición del agua. El agua necesaria para la conservación de los humedales para preservar sus valores naturales y los servicios que proporcionan a la sociedad procede del mismo recurso hídrico subterráneo que el que proporciona el agua que se extrae para usos humanos; por lo tanto se interfieren. Así se requiere una gestión hídrica y territorial a fin de lograr un compromiso y buscar una complementariedad dentro de un acuerdo social, en parte de arriba abajo y en parte y necesariamente de abajo arriba por intervención de los usuarios y la sociedad civil. Todo ello requiere conocimiento, estudios, investigación, observación y normativa.

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