Abstract

Dentro de los programas de defensa, conservación y regeneración de la costa es cada vez más frecuente la utilización de aportaciones de materiales granulares (en particular, arena) para la regeneración de playas y la construcción de playas artificiales. Si este objetivo es deseable en sí mismo, como un medio más de conservación del entorno medio-ambiental, adquiere una significación especial en el caso de los países turísticos, como España, donde la disponibilidad de playas en condiciones óptimas de utilización es una exigencia permanente, que no se puede dejar de satisfacer por acciones naturales del entorno marino o por efectos inducidos por la actividad humana. El material utilizado para la regeneración y construcción de playas artificiales puede ser de procedencia terrestre o marítima. En el primer caso se obtiene de yacimientos naturales o del machaqueo de productos de cantera. En el segundo, el material procede de préstamos marinos disponibles al efecto o de la profundización de dársenas o canales de entrada próximos a la zona de actuación. Generalmente se prefieren los materiales de procedencia marítima por su menor contenido en finos, mejor graduación y forma de los granos, color y aspecto más apropiados, etc. Es evidente que en zonas turísticas el aspecto estético de la playa adquiere un sobrevalor añadido. Por otra parte, los grandes volúmenes requeridos con frecuencia en este tipo de proyectos, limitan la procedencia terrestre de los materiales, tanto por la propia capacidad de los yacimientos como por las dificultades inherentes al transporte por vía terrestre de esos grandes volúmenes. Vamos a centrar, por tanto, este artículo en el análisis de los procesos constructivos utilizados más frecuentemente para aportar a la línea de costa materiales arenosos procedentes de préstamos marinos.

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