Abstract

En mayo de 1997 el Ministerio de Medio Ambiente difundió un borrador de Reforma de la Ley de Aguas española de 1985. Esta actuación se enmarcó dentro de la política de transparencia informativa y búsqueda de consenso social en los temas conflictivos de la política del agua en España. El autor propone que esa propuesta de Reforma sea retirada pues, aunque trata algunos temas interesantes como la reutilización de agua, la desalación de aguas de mar y el mercado del agua, no aborda los temas realmente relevantes para resolver los problemas hidrológicos españoles. El principal problema es el de la “cultura de la subvención “ que lleva a que, en la mayor parte de los casos, el coste de las obras necesarias para aprovechar los recursos hídricos no sea pagado por sus directos beneficiarios, sino por el conjunto de los españoles a través de los Presupuestos Generales del Estado. Esta situación tradicional en España y en otros muchos países va en contra de las recomendaciones de la OCDE y de la próxima Directiva-Marco sobre el Agua que, probablemente, será aprobada en breve. Ni la Reforma propuesta ni la actuación del Ministerio de Medio Ambiente en este campo parecen suponer un cambio adecuado hacia los nuevos paradigmas de la política del agua sino, más bien, un retroceso. Muy relacionado con lo anteriormente expuesto está el tradicional descuido de las aguas subterráneas por la Administración Hidráulica española, que es analizado con cierto detalle en el artículo. El autor denuncia una “conspiración de silencio “ en no querer ni siquiera estudiar el tema, pues ello indicaría que algunos “hidromitos “, como el que toda la agricultura española de regadío no puede pagar el coste del agua de regadío, no responden a la realidad. Al mismo tiempo, esta negligencia de la Administración Hidráulica está conduciendo a procesos prácticamente irreversibles de contaminación de acuíferos, que son mucho más graves que los de la supuesta “sobreexplotación de acuíferos “, sistemáticamente exagerada desde los medios oficiales. Finalmente, se analiza el fracaso del tipo de planificación hidrológica establecida en la Ley de Aguas de 1985 que es considerada una utópica ilusión tecnocrática de tipo marxistaorwelliano. En la propuesta Reforma de la Ley de Aguas no se propone cambiar esa planificación. Concluye el autor que para modernizar la política del agua son necesarios cambios muy profundos: en España no existe todavía un Ministerio de Medio Ambiente sino un Ministerio de Obras Hidráulicas con algunos “adornos verdes”.

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