Abstract

Aproximadamente, el 30% de la población mundial vive en tierras donde el agua es escasa y la sequía constituye un serio peligro natural. Extensas partes de África, el Norte de China, India, Oriente Medio, el área Mediterránea, el oeste de los Estados Unidos, así como algunas regiones de México, Perú, Chile Argentina y la mayor parte de Australia se caracterizan por la escasez de agua. La sequía y el hambre sufridas en parte de Etiopía durante el presente año 2000, demuestran la vulnerabilidad de las sociedades que carecen de un acceso técnico a sus reservas de agua así como de una capacidad estructurada para la producción de alimentos. No obstante, otros países tecnológicamente avanzados también se están aproximando lenta pero irremisiblemente a un peligroso nivel de vulnerabilidad, debido a que están agotando sus recursos hídricos por una gestión no sostenible de los mismos. Las reservas mundiales de alimento son muy pequeñas. En el caso de aparecer sequías severas y simultáneas tanto en las grandes llanuras centrales de Norte América (el área principal parta la producción de reservas de grano para el mercado mundial), como en china e India (las dos naciones más pobladas de la Tierra), podría llegarse al agotamiento completo de las reservas mundiales de alimento, y producirse hambruna a gran escala en regiones que dependen para su mantenimiento de la importación de aquéllos. ¿Cómo puede aumentarse la seguridad en el abastecimiento de agua y alimentos a la luz de un escenario tan catastrófico como el presentado? En primer lugar y sobre todo, es necesario un cambio de política, y pasar de la actual sobreexplotación no sostenible de los recursos convencionales de agua a una gestión sostenible de los mismos. Una estructura tarifaria para el agua que refleje fielmente su valor económico real es un elemento crucial para un uso eficiente y sostenible de la misma. El desarrollo técnico de fuentes alternativas de recursos hídricos constituye otra estrategia importante. Los efluentes urbanos e industriales deben reciclarse de forma sostenible para preservar la calidad tanto del agua como del suelo, a la vez que posibilitan una nueva fuente de agua para la agricultura. La desalación de agua salobre y de mar puede suponer otra nueva fuente alternativa de agua para los sectores urbano e industrial, y posteriormente, también como agua reciclada para la agricultura. Finalmente, deben prepararse planes detallados de contingencia ante sequías a escala tanto nacional como local, con el fin de gestionar adecuadamente los periodos de escasez, de tal modo que éstos causen el menor daño posible a la economía y la sociedad.

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